Vivimos en un mundo dominado por la imagen. Las imágenes están por todas partes: en los muros, en las paredes, en la publicidad, en los escaparates, en la televisión..... en las cabezas.
La "buena imagen" es una exigencia social y la estética se convierte en una especialidad técnica de uso cotidiano. Todos jóvenes, todos bellos. Es una actitud, se confunde con la ética.
Mientras tanto, el arte, reino ancestral de la estética, se refugia en el diseño y su valor no está en la obra sino en la firma del autor.